Al ser preguntado específicamente sobre si existían restricciones a su autoridad para desplegar la fuerza militar a nivel global, el presidente de Estados Unidos respondió de manera contundente: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente es lo único que puede detenerme“.
Donald Trump ha afirmado la noche de ayer miércoles 7 de enero del 2026, en una entrevista exclusiva con el diario estadounidense The New York Times, que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por su “propia moralidad“, relegando a un segundo plano las normas del derecho internacional y otros mecanismos de control que suelen servir de contrapeso a la hora de ordenar ataques, invasiones o coerciones contra otros países.
Al ser preguntado específicamente sobre si existían restricciones a su autoridad para desplegar la fuerza militar a nivel global, el presidente de Estados Unidos respondió de manera contundente: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente es lo único que puede detenerme“.

“No necesito el derecho internacional”, agregó. “No busco hacer daño a la gente”.
Si bien reconoció que su Administración tiene que respetar el derecho internacional, matizó que será él quien decida cuándo se aplican esas restricciones a EE.UU. “Depende de cuál sea tu definición del derecho internacional”, argumentó en conversación con el periódico.

Dejando abierta la puerta a una interpretación unilateral de las obligaciones internacionales del país, Trump también reconoció la existencia de ciertas limitaciones que enfrenta dentro de EE.UU.
Cuando se le presionó más sobre si su administración debía acatar el derecho internacional, Trump respondió: “Sí, lo hago”. Pero dejó claro que él sería el árbitro cuando tales restricciones se aplicaran a Estados Unidos.

“Depende de cuál sea su definición de derecho internacional”, dijo.
La evaluación del Sr. Trump sobre su propia libertad para usar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para consolidar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En esencia, se basa en el concepto de que la fuerza nacional, y no las leyes, los tratados y las convenciones, debería ser el factor decisivo en el choque de poderes.
Reconoció algunas limitaciones en su país, aunque ha seguido una estrategia maximalista de castigar a las instituciones que no le gustan, imponer represalias contra los oponentes políticos y desplegar la Guardia Nacional en las ciudades a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales.

