La situación se agrava por el hecho de que Nestlé Waters, propietario en particular de la marca Perrier, violó las normativas sanitarias al no informar del problema dentro del plazo requerido por el Código de Salud Pública francés.
La multinacional de alimentos y bebidas suiza Nestlé ha sido instada a retirar la etiqueta “agua mineral natural” de su marca Perrier natural tras el descubrimiento de bacterias intestinales patógenas (eterobacterias) en lotes de agua embotellada en su planta de la localidad francesa de Vergèze.
Una inspección de la Agencia Regional de Salud (ARS) de la región de Occitania registró una contaminación a gran escala. Como resultado, se detuvo la línea de producción y se incautaron alrededor de 300.000 botellas y cientos de miles más fueron retiradas de la venta por exceder el nivel permisible de microorganismos viables que indicaban una posible contaminación bacteriana, informaron el pasado viernes 19 de abril del 2025 medios locales.

La situación se agrava por el hecho de que Nestlé Waters, propietario en particular de la marca Perrier, violó las normativas sanitarias al no informar del problema dentro del plazo requerido por el Código de Salud Pública francés.
La presencia de enterobacterias se detectó el 11 de marzo del 2025, pero la ARS no fue informada hasta el día 21 del mismo mes. Lo mismo ocurre con los gérmenes, con un incumplimiento detectado el 22 de marzo del 2025, que no fue comunicado hasta el pasado 4 de abril del 2025.
Además, se ha informado que el director general de la ARS está considerando la posibilidad de revocar el permiso para la extracción de agua mineral en todos los pozos en Vergèze, lo que supondría efectivamente la paralización total de la producción de la famosa marca de agua con gas.

En diciembre del 2024, se informó que Perrier podría perder su condición de agua mineral natural debido al constante deterioro de la calidad del producto y a los riesgos virológicos para los consumidores.
En ese contexto, fueron retiradas tres millones de botellas de la marca, que fueron destruidas debido a rastros de contaminación fecal.
El problema se atribuyó entonces a un periodo de lluvias intensas que afectó temporalmente la calidad de las aguas subterráneas de la zona, pero varios informes administrativos evidencian un deterioro generalizado que lleva ocurriendo “desde hace años“.
